Est. Derecho #UNAM.
Colaborador de #RevistaDivergencia
Al iniciar su día, Don Gregorio toma la camisola que compró en el «tianguis», se pone aquella vieja gorra tipo pescador para cubrir sus ojos del polvo y carga a sus espaldas aquella vetusta mochila que en algún momento ocupó alguno de sus hijos para asistir a la escuela y que hoy en lugar de traer libros, trae un martillo, unas dos o tres docenas de clavos, cinta métrica y un par de cinceles. No se va de la casa sin antes despedirse de su familia, cargar entre sus pertenencias ese paquete de tortas que su esposa le envía para «aguantar» el día y rogarle a Dios por permitirle regresar al lado de sus seres queridos.
